La recuperación de la cerámica histórica de Talavera de la Reina a comienzos del siglo XX no solo implicó rescatar técnicas, repertorios ornamentales y modelos tradicionales, sino también dotar a la producción de una identidad propia y reconocible. En este proceso, la figura de Juan Ruiz de Luna resultó determinante.
Entre sus aportaciones más relevantes se encuentra la implantación de una marca de fábrica destinada a identificar las piezas producidas en la Fábrica Ruiz de Luna. Este gesto, aparentemente técnico, supuso un cambio profundo en la manera de entender la cerámica artística talaverana, introduciendo conceptos de autoría, garantía y prestigio que hoy resultan esenciales para su estudio y valoración.
Una práctica innovadora en la tradición cerámica talaverana
Históricamente, la cerámica producida en Talavera rara vez incorporaba marcas de taller o firmas de autor. Esta ausencia respondía a prácticas productivas heredadas en las que la identidad colectiva del alfar prevalecía sobre la individual.
Con el nuevo proyecto cerámico impulsado por Ruiz de Luna, esta situación comenzó a transformarse. La voluntad de situar nuevamente a Talavera de la Reina en el panorama artístico nacional e internacional llevó a adoptar estrategias propias de la modernidad industrial, entre ellas el marcado sistemático de la producción. La marca pasó a convertirse en un elemento de garantía de origen, control de calidad y reconocimiento artístico, además de contribuir a construir una imagen corporativa coherente del taller.
Siguiendo el criterio establecido por la investigadora Isabel Hurley Molina, la evolución de las marcas del alfar puede organizarse en tres etapas claramente diferenciadas.
1ª época: Ruiz de Luna, Guijo y Cía. (1908-1915)
El 24 de agosto de 1917 quedó formalmente inscrita la primera marca de fábrica de Juan Ruiz de Luna en la Dirección La primera etapa corresponde al periodo inicial de la sociedad Ruiz de Luna, Guijo y Cía. En este momento se documentan piezas de loza marcadas con el nombre Talavera, escrito con una caligrafía característica de Ruiz de Luna que entrelazaba las letras de forma muy personal.


En los murales de azulejería la firma solía aparecer con el nombre completo de la sociedad, acompañado de la palabra Talavera y el año de ejecución, generalmente en un lugar discreto dentro de la composición.

Durante esta fase comenzaron también a emplearse marcas en piezas de loza donde aparece la luna —elemento identitario del taller— encerrada en un pequeño escudete. La luna se representaba en fase menguante y, en su barbilla, figuraba la inicial “G”, aludiendo a Guijo, socio y primer director artístico de la fábrica.


Resulta significativo que la palabra “Talavera” no pudiera registrarse como elemento exclusivo por tratarse de una indicación geográfica de procedencia, circunstancia que evidencia la profunda vinculación entre territorio y producción cerámica.

2ª época: Ruiz de Luna (1915-1941)
Con la disolución de la sociedad inicial, Juan Ruiz de Luna quedó como único propietario y responsable del alfar. En estos años se consolidó el proyecto artístico y empresarial mediante la publicación de los primeros catálogos y la incorporación sistemática de la marca a la producción de loza.
El 24 de agosto de 1917 quedó formalmente inscrita la primera marca de fábrica de Ruiz de Luna en la Dirección General de Comercio Industria y Trabajo. El distintivo registrado presentaba una composición de fuerte valor simbólico formada por:
- Un escudo ornamental
- Una media luna en su interior
- El nombre Talavera en letras entrelazadas en la parte superior
El registro protegía una amplia gama de productos —azulejos, relieves, esculturas, vajillas y elementos decorativos— en todo el territorio nacional durante veinte años, con posibilidad de renovación indefinida.

En las piezas recogidas en los primeros catálogos, junto a la marca registrada, figuraban además números de orden en caracteres arábigos y, en ocasiones, numeraciones romanas que, según investigaciones recientes, podrían corresponder al código identificativo de la pintora encargada de la decoración.
Asimismo, con frecuencia aparecía en las marcas de la loza cerámica, la palabra España acompañada de la imagen de la bandera.

En trabajos de azulejería, la firma solía incluir la palabra Talavera, el nombre de J. Ruiz de Luna y el año de ejecución, como puede observarse en diversos conjuntos cerámicos conservados.

En estos murales, el reverso de los azulejos de 14×14 cms. estaba formado por unos círculos concéntricos en relieve, para favorecer el agarre del mortero de unión entre la pared y el azulejo.

3ª época: Ruiz de Luna (1941-1961)
En 1942, Juan Ruiz de Luna traspasó el alfar a sus hijos, quienes constituyeron la sociedad Cerámicas Ruiz de Luna S.L.. En esta etapa se editó un nuevo catálogo con más de cien modelos de loza y se introdujo una variante de la marca tradicional: el escudo se mantenía, pero la luna aparecía ahora en posición creciente.


Un legado visual que define una identidad
De manera excepcional, en encargos especialmente relevantes se incorporaba también la marca del pintor responsable de la decoración, como ocurre en obras firmadas por el maestro Paco Arroyo Santamaría y otros artistas vinculados al taller.

La creación y registro de la marca de fábrica representaron un momento decisivo en la historia de la cerámica talaverana del siglo XX. Más allá de su función administrativa, el escudo con medialuna se convirtió en un signo de identidad artística y en una herramienta fundamental para comprender la trayectoria productiva del alfar.
Más de un siglo después, este símbolo continúa acompañando la lectura histórica, el estudio académico y la apreciación estética de una de las manifestaciones más significativas de la cerámica española contemporánea, ampliamente representada hoy en instituciones como el Museo Ruiz de Luna.
Cómo identificar una pieza de Ruiz de Luna
Identificar una pieza salida del taller de Juan Ruiz de Luna requiere observar varios elementos que, en conjunto, permiten confirmar su autenticidad y situarla cronológicamente. El primer aspecto a examinar es la marca de fábrica, generalmente ubicada en el reverso de azulejos y bases de loza. El característico escudo con medialuna, acompañado del nombre Talavera en grafía entrelazada, constituye el distintivo más reconocible del taller, aunque presenta variantes según la época.
También resulta relevante analizar la caligrafía de la firma, especialmente en murales y encargos artísticos, donde puede aparecer el nombre del taller, el año de ejecución e incluso la rúbrica del pintor responsable. En algunas piezas se conservan números de serie o códigos internos, útiles para relacionarlas con modelos catalogados o con procesos de producción específicos.
Finalmente, la identificación se completa mediante el estudio de técnicas decorativas, paleta cromática y repertorio ornamental, estrechamente vinculados a la tradición talaverana reinterpretada por el taller. La combinación de marca, firma, estilo y contexto histórico permite reconocer con mayor fiabilidad la autoría y valorar adecuadamente cada obra dentro de la trayectoria de la cerámica Ruiz de Luna.